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Kiti Mánver: «Con mi edad haría una Julieta, pero no tengo esas aspiraciones»

 Pese a su larga carrera en el cine, la actriz Kiti Mánver admite que «por supuesto» se le han quedado «montones de cosas en el tintero», porque «hay muchas cosas estupendas», y con su edad «haría una Julieta», pero no tiene «ese tipo de aspiraciones» y prefiere «pensar en lo que hay más cerca».

Este lunes recibe la Biznaga Ciudad del Paraíso, con la que el Festival de Málaga reconoce a los «imprescindibles» del cine en español, y ella la entiende como una muestra de que «también haciendo papeles de reparto se puede llegar a una situación tan fantástica».

Nacida en Antequera, donde solo vivió ocho meses, se trasladó con su familia a las barriadas malagueñas de la Colonia de Santa Inés y Carranque y después a Melilla, y su primer recuerdo de la fascinación por este oficio se remonta a los 3 años, cuando se asomó a una puerta medio cerrada, vio «un bastón y unas faldas moviéndose» y se quedó «extasiada».

«Creo que no he decidido ser actriz. Lo he sido desde el colegio y desde el patio de mi casa en Carranque, he hecho teatro siempre, luego cine y luego televisión», asegura.

Al trasladarse de Melilla a Madrid, «el cambio de un colegio de monjas, que lo controlan todo, a un instituto fue una debacle» en sus estudios, por lo que con 14 años se puso a trabajar.

A los 16, un hermano pintor que trabajaba en el teatro le dijo que necesitaban a una niña, le hicieron una prueba de canto y la aceptaron, por lo que recuerda su llegada al teatro «como una cosa súper natural».

En el cine, uno de los títulos que más se recuerdan es «Habla, mudita», que era el comienzo de la carrera del director Manuel Gutiérrez Aragón, quien, a pesar de ser su primera película, «ya era un maestro», asegura.

Otro hito es «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?», de Fernando Colomo, a quien ya conocía después de haber trabajado con él en un cortometraje.

«Le pedí algo en la película, me dijo que solo quedaba figuración y le contesté que le pusiera unas pocas frases. Me contrató y participé en una película que después ha sido mítica», recuerda.

También ha trabajado en cinco películas a las órdenes de Pedro Almodóvar, la primera de ellas «Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón», pero antes ya había visto cómo trabajaba el cineasta manchego.

«Se notaba mucho que era alguien grande, con un talento especial y con valentía para contar cosas desde un lado en el que nadie se atrevía, y ahí lo tenemos, junto a Antonio Banderas y todos los maravillosos que han venido después, como el mayor representante de la marca España».

El Goya -como mejor actriz de reparto- le llegó de la mano de Enrique Urbizu gracias a «Todo por la pasta», una película que hizo que cambiara la manera de relacionarse con los directores.

«Urbizu era un crío, pero lo tenía muy claro, hacía muy bien la acción y fue de los primeros directores que afrontaron esa manera de hacer cine con esa sabiduría. Los actores que venimos del método nos ponemos espesos y lo llevamos todo muy sabido, pero él al segundo día de rodaje me cantó las cuarenta, me dejé llevar y me dieron un Goya».

Pero para ella, por encima de todo está el teatro, que califica como «un rito» porque la gente «se pone mona y compra una entrada para ir a un sitio donde se celebra un ritual y hay una comunión con el público».

«El teatro es la base de todo y de ahí viene lo demás», asevera Kiti Mánver, que añade que «si no hiciera teatro, no sería actriz, porque ahí nace todo», y se felicita de que en los últimos años no haya «tanto divorcio entre cine y teatro y ahora esté todo un poco más amalgamado».