domingo, junio 23, 2024
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Cuidados Invisibles e Imprescindibles: Más allá de una pandemia, la terrible desigualdad «por Alejo Ortegón»

El ser humano es el mamífero más frágil de entre todos los que pueblan el planeta. Desde su nacimiento, e incluso durante su proceso embrionario y posterior desarrollo, crecimiento y maduración, los seres humanos nacen con la enorme necesidad de ser atendidos y cuidados para poder sobrevivir.

Durante las etapas más infantiles y primigenias de nuestra existencia, solemos, la mayoría, ser cuidados por nuestras madres. En otras ocasiones, puede acontecer que sea otro miembro familiar y bien sabemos que aparecerá una figura femenina, la figura de la mujer como la cuidadora principal de la Unidad Familiar.

Cuida a su descendencia, los hijos cuando proyecta en su vida la etapa de natalidad… pero también a la ascendencia, es decir, a los propios padres, ó suegros, ó hermanos…. Y también al cónyuge. Entonces, surge la pregunta… ¿Quién la cuida a ella? ¿Qué hacemos en la nueva esfera de la masculinidad para cuidar a nuestras mujeres? El cuidado debe ser mutuo, balanceado como los equilibrios hídricos del cuerpo humano. De lo contrario, bien sabemos que aparece el daño, la enfermedad.

La actividad cuidadora que lleva a cabo la mujer, es constante, la desarrolla de manera invisible, pero imprescindible para el mantenimiento de la Unidad Familiar Podríamos decir que, incluso en primera instancia, contribuyendo al sostenimiento de la sociedad. ¿Qué pasaría si todas las mujeres parasen su actividad tan solo unas horas? De entrada, seguro que en pocas horas y días se colapsarían las Urgencias de los hospitales. Más aún en tiempos de pandemia: crisis sanitaria, económica: pérdidas de empresas, capacidad productiva…, social: mayor desigualdad, pobreza, enfermedad, intercultural: racismo, xenofobia, homofobia, intolerancia… e intergeneracional: despoblamiento, pérdida de tradiciones, de memorias vivas y riqueza cultural. En todos y cada uno de los casos descritos, existe desigualdad entre hombres y mujeres, con mayor perjuicio hacia ésta última, por el mero hecho de nacer y ser mujer. ¡Nuevamente, terrible realidad!

Hoy día, inmersos plenamente en la sociedad del siglo XXI, el papel de la mujer ha sufrido profundas transformaciones. Ha pasado de tener un papel pasivo, a participar de forma activa en múltiples actividades.
El papel de la mujer se ha duplicado, triplicado,…. En cualquier caso, ¡multi-plicado!
Y además, se le continúa exigiendo las tareas domésticas y cuidadoras por parte del resto de la familia: los hijos, el cónyuge, los padres, hermanos, la empresa….

¿Qué sucede en las familias cuando acontecen problemas agudos de salud en los hijos o padres o cónyuge? ¿qué sucede en tiempos de pandemia o está sucediendo? ¿Quién participa de las tareas domésticas y quién también hace teletrabajo? La respuesta suele estar orquestada por la madre-esposa-hijacuidadora que despliega todo un arsenal de recursos y desgaste de energías vitales para cuidar y continuar con el resto de actividades.

¿Y en los problemas de salud que se han cronificado ó se cronificarán? Igualmente, la respuesta va a devenir de la propia mujer-esposa-madre-hija-trabajadora la cual habrá de repartir-distribuir-organizar-planificar la multiplicidad de tareas a las que ha de afrontar día a día, semana tras semana, mes a mes…en un elevado porcentaje de casos, muriendo antes que el propio paciente al que cuida. ¡Terrible y silenciada realidad!

En definitiva, se le exige, en ocasiones por encima de las posibilidades reales; por encima de la capacidad de dar respuesta la propia mujer. Más grave aún si los que la rodean, no lo ven o no quieren ver y esperan que siempre esté a la altura de las circunstancias. En ésta situación, ¡ni se le permite que enferme! Olvida las citas en Consultas o sencillamente no acude, por tener a otras personas que, ¡CUIDAR! Y cuando cae enferma, también en muchas ocasiones, sucumbe el resto de miembros de la familia al no saber, por desconocimiento o desinterés, desarrollar adecuadamente los recursos que despliega la madre-esposa-hija-nieta…¡mujer cuidadora!

El panorama no puede presentarse más desolador para la mujer cuando quiere asumir compromisos con la sociedad, aportando su trabajo productivo ó asociativo allá donde esté y además contribuir al mantenimiento y sostenimiento de la familia.

Es pues necesario actuar e intervenir desde múltiples frentes. Y en éste sentido, en los próximos días se leerán manifiestos y declaración de intenciones. Sin embargo, ¿en qué se traduce para mejorar la calidad de vida de las mujeres cuidadoras en particular y de todas ellas en general? Como profesional sanitario, masculino y observador directo de experiencias vitales de las mujeres Cuidadoras, creo necesario hacer visible la necesidad de contribuir entre hombres y mujeres a la necesaria e invisible actividad cuidadora en todas sus dimensiones: cuidados, educación, domésticas…. Etc. desde las edades más tempranas de la vida.

Por ello, debemos considerar un deber y un compromiso trabajar por una sociedad más justa e igualitaria, que considere a hombres y mujeres como seres que tienen los mismos derechos, sin que se le exija a la mujer mayor rendimiento por el mero hecho de nacer y ser mujer, ni se le imponga el Rol Cuidador tan solo por cuestión de género.

Va siendo hora de hacer visibles los cuidados invisibles y sin embargo IMPRESCINDIBLES, que desarrollan las mujeres y han desarrollado a lo largo de la historia. Porque si hoy estamos aquí, es gracias a nuestras madres que nos dieron la vida y los cuidados para que pudiéramos crecer y volar como seres independientes.

Para poder volar hacen falta dos alas. Una sociedad podrá volar en igualdad y se considerará igualitaria cuando ambos sexos, hombre y mujer, puedan volar por igual, más allá de su condición de género, raza ó ideología, cualesquiera que ésta sea. Cuando ambos tengan las mismas oportunidades, condiciones de trabajo, salario… y cuando ambos también realicen los mismos cuidados en los descendientes…. Y en los ascendientes.

Por otro lado, no podemos obviar el dato del progresivo empobrecimiento en el que cae la mujer cuando se encuentra en las fases “no productivas” para la sociedad, es ahí donde también se hace más patente la desigualdad en las pensiones a recibir. Los años de cotización como suele denominarse al período legal-activo, suelen ser menores que el de los hombres al haber dedicado gran parte de su vida laboral a la crianza y educación de la prole. Mientras el hombre no pierde años de cotización, la mujer pierde en función del número de hijos/as que deseen tener en su propio proyecto de vida. Esta es sin lugar a dudas una de las causas de la caída de natalidad en nuestro país. Si no hay una respuesta equitativa por parte de las leyes laborales que incluyan una discriminación positiva hacia la mujer en períodos de natalidad o de cuidados a los mayores, el empobrecimiento a la edad de jubilación estará presente. De ahí la necesidad de hacer visible, sensibilizar, crear
conciencia, de la gravedad y magnitud que aún está presente en la sociedad de hoy
día.

Serán muchos y con múltiples mensajes los manifiestos que circularán en el día de hoy, 8 de marzo, y durante el resto del mes. Es de esperar que de forma progresiva la sensibilización hacia el colectivo femenino sea generalizada en todos los ámbitos de la sociedad, tanto por hombres como por mujeres, que las proteja y cuide, que nos han dado la vida, que con abnegación silenciosa e invisible, entregan su propia vida en el mantenimiento familiar y social sin recibir en justa compensación un salario digno por su invisible contribución.

A todas las madres,
a todas las mujeres,
a todas las niñas, que
en el futuro, serán mujeres

J. Alejo Ortegón Gallego

 

 

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