La actividad sísmica aumenta en el oeste de Málaga con más de un centenar de pequeños seísmos en una semana

0
279

El entorno de la Serranía de Málaga y el límite con la provincia de Cádiz ha registrado en los últimos días un notable incremento de movimientos sísmicos de baja magnitud. Desde el 3 de febrero, la Red Sísmica Nacional ha contabilizado más de un centenar de terremotos, algunos de ellos perceptibles por la población, sin que se hayan producido daños materiales.

Según los datos recopilados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), entre el 3 y el 9 de febrero se han localizado 105 seísmos en una amplia franja que abarca desde la Sierra de Grazalema hasta las inmediaciones de la costa occidental malagueña. Los temblores han presentado magnitudes comprendidas entre 1,2 y 3,6, y se han originado a profundidades variables, que van desde la superficie hasta los 40 kilómetros.

De este conjunto de movimientos, al menos 17 han sido sentidos por vecinos de distintos municipios de la Serranía de Ronda y de localidades cercanas al límite entre Málaga y Cádiz. El IGN ha recibido cerca de 170 comunicaciones ciudadanas a través de sus canales oficiales, lo que ha permitido complementar la información instrumental con observaciones directas de la población.

Ante esta secuencia sísmica, el organismo estatal ha reforzado la vigilancia en la zona con la instalación de tres estaciones sísmicas portátiles adicionales. Este dispositivo permitirá afinar la detección de nuevos eventos y analizar con mayor precisión su localización y características.

Desde el punto de vista científico, especialistas del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) han aclarado que no existe evidencia que relacione esta actividad sísmica con las precipitaciones registradas recientemente en la provincia.

El movimiento de mayor entidad se produjo el domingo 8 de febrero en las proximidades de Jimera de Líbar, donde se alcanzó una magnitud de 3,6. El temblor fue percibido por la población con una intensidad estimada entre III y IV, lo que corresponde a una sacudida débil pero claramente perceptible, sin que se hayan registrado daños personales ni materiales.

Este episodio se inscribe en el contexto geológico del sector occidental de la cordillera Bética, una región sometida a la interacción entre las placas africana y euroasiática. La convergencia entre ambas se produce de forma oblicua y a una velocidad aproximada de cinco milímetros al año, lo que explica la recurrencia de actividad sísmica en la zona.

El área cuenta además con antecedentes históricos significativos. A lo largo del último siglo se han documentado terremotos de intensidad moderada, como los ocurridos en Grazalema en 1901, Benadalid en 1907 o la serie sísmica registrada en 1936 entre Villaluenga del Rosario y Montejaque. En décadas más recientes, se han producido movimientos de magnitud cercana a 4 en municipios como Jubrique, Gaucín o Cortes de la Frontera.

Para el seguimiento continuo de esta actividad, el IGN dispone de una red de 23 estaciones sísmicas permanentes en el entorno, ubicadas en puntos como Ronda, Estepona y Jimena de la Frontera, que se complementan con datos procedentes de otras redes científicas del Mediterráneo occidental.