Hasta (y para) siempre, Joan Manuel Serrat

“El vicio de cantar 1965-2022” es el título de la gira con la que Joan Manuel Serrat se despedirá de los escenarios. “Tocaré y compondré en casa, es posible que grabe un disco. Pero no volveré a los escenarios”, ha afirmado el autor de “Mediterráneo”

Serrat se despidió anoche de sus seguidores malagueños con un emocionante concierto en el Auditorio Cortijo de Torres

Pocas veces cobra tanto sentido aquel lugar común de la emoción a flor de piel.

Es difícil definir en palabras lo que se sintió anoche en el Auditorio Municipal de MálagaJoan Manuel Serrat cantó, se dirigió al público y se despidió con tanta simpatía y ternura que no fue sencillo contener la lágrima. Con la humildad que solo comparten los más grandes, con la cercanía y el buen hacer aprendido durante casi seis décadas sobre muchos escenarios, el cantautor catalán, compositor, poeta y genio, por qué no, dijo adiós a su público malagueño.

El concierto comenzó puntual. Pasados sólo unos minutos de las 22:00 salieron los músicos y una ovación recibió a Joan Manuel Serrat. El público se puso en pie para saludar a su cantante en un auditorio repleto que inició la noche con Dale que dale.

He venido a despedirme como corresponde, pero no va a ser el último concierto, al menos eso espero, pero en el desagradable caso de no llegar al final siempre podrán presumir y decir yo estuve allí, lo vi caer. En previsión de que esto pudiera pasar –bromeó– no tiren los boletos, puede haber algún coleccionista que de algo por ellos, pero aviso que no devolvemos el dinero de la entrada”, comentó arrancando la risa del público.

“Damas, caballeros e imparciales, esto es una fiesta a lo grande que tenemos el gusto de compartir, queda prohibida la nostalgia en el recinto, a partir de ahora todo lo que viene es futuro”, apuntó antes de seguir cantado Mi niñez.

El carrusel de Furo llegó después en una suerte de biografía cantada. Acompañado de siete músicos y con la dirección de su inseparable Ricard Miralles, continuó el concierto con Romance de Curro el Palmo. Pero antes explicó que “mis canciones también son suyas, porque si no las hubieran hecho suyas yo no estaría aquí, gracias porque he podido tener una vida extraordinaria gozando de un trabajo como este, ojalá todo el mundo pudiera tener esta pasión en lo que hace”.

Y se puso serio hablando del poeta Miguel Hernández para introducir Las nanas de la cebolla. “Recordar a Miguel Hernández, ahora a plena luz, es un deber de España, es un deber de amor”, subrayó. De la prisión de Hernández a Para la libertad.

Con ella llegó a su primera hora de concierto, que fue mucho más que una serie de canciones, fue una declaración de amor a su profesión, de complicidad con el público, de relato de una vida entera entregado con generosidad a unos espectadores encantados de escucharlo. Cançó de Bressol, dedicada a su madre y cantada en catalán, precedió a Hoy por ti, mañana por mí y Hoy puede ser un gran día, un mítico tema para llegar al ecuador.

Tras cantar Los recuerdos dijo: “De eso están hechas las canciones, de recuerdos, de inventos, de fantasía, de memoria”. “La realidad es mucho mejor cuando se imagina, ¿no les parece?”, apuntó antes de iniciar Tu nombre me sabe a yerba, coreado y seguido con las palmas.

También se postuló contra la inacción de los Gobiernos frente al cambio climático justo antes de tocar la bella y comprometida Pare, cantada en catalán y traducida en la pantalla que acompañó con recursos audiovisuales su actuación. Tocó el turno de Mediterráneo y los primeros acordes ya fueron festejados para terminar con una ovación cerrada al final de la histórica canción.