martes, julio 16, 2024
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Salado arranca su mandato en la Diputación de Málaga

En la Diputación de Málaga se ha vivido algo así esta mañana: cambian muchas cosas, pero lo esencial se mantiene. Francisco Salado ha sido reelegido como presidente del ente supramunicipal, pero con mayoría absoluta y sin depender de pactos.

También recoge los mismos problemas por solucionar que dejó. Y entre ellos, la carencia de agua como principal preocupación, es por ello que Salado ha anunciado en su discurso de investidura que dedicará 50 millones de euros anuales a solucionarlo. Para ello, no le hará falta el voto de ningún socio. Si en la anterior legislatura necesitó a un ya extinto Ciudadanos –que se dejó los diputados por el camino en un tránsito al grupo no adscrito–, en esta podrá gobernar sin la necesidad de ninguna otra formación.

Salado, en su discurso, ha anunciado que los recursos e infraestructuras hídricas centrarán su mandato. Estos 200 millones de euros anunciados servirán, entre otras cosas, para encargar un estudio con el que estudiar cómo reciclar las aguas recicladas de las depuradoras municipales para uso terciario, es decir: para el riego agrícola, sobre todo en la Axarquía y el Bajo Guadalhorce.

Pretende reutilizar el agua de las 47 depuradoras provinciales, esto es, según sus cálculos, unos 10 hectómetros cúbicos de agua al año. «Dándoles un tratamiento terciario, con esa cantidad de agua reciclada se podrían regar 2.000 hectáreas de cultivos leñosos y se ahorraría en los pantanos y pozos agua como para abastecer cada año a una población de 130.000 personas«, ha asegurado.

«Sin agua no hay vida, no puede haber actividad humana ni económica. Nuestras principales industrias, el turismo, la agricultura, los subtropicales de la Axarquía, el fértil valle del Guadalhorce o los olivares de la zona norte, dependen del agua», ha asegurado Salado, que ha recordado que en la provincia, según un estudio de la propia administración, se pierden 7,5 hectómetros cúbicos de agua al año en 452 fugas.

Momento en el que ha recordado a los alcaldes que esta es una prioridad de todos, «me resulta imposible admitir, que mientras haya municipios que pierden hasta la mitad del agua potable que circula por sus redes de abastecimiento por fugas y averías, haya ayuntamientos que dediquen fondos incondicionados de la Diputación a gastos superfluos y frívolos, como hacer regalos a sus vecinos«.

También ha recordado los transportes en la provincia, haciendo hincapié en el tren litoral, «no puede ser que la Costa del Sol y la Axarquía no cuenten con un transporte público potente», pero también del PTA y los pueblos del interior.

Compondrán la nueva Diputación de Málaga 18 representantes del Partido Popular, 10 diputados del Partido Socialista, 2 de Vox y un único representante de Con Málaga –la confluencia que agrupa, entre otros a Izquierda Unida y Podemos–. Los mismos se situarán, siguiendo la tradición de jacobinos y girondinos que se instauró antes de la Revolución Francesa: PP y Vox a la derecha de la mirada del presidente de la sala y PSOE y Con Málaga a su izquierda; mostrando un claro desequilibrio de poder.

En una votación a la que podía presentarse cualquiera de los diputados presentes, no ha habido sorpresas y se han presentado Francisco Salado (PP), Josele González (PSOE), Antonio Luna (Vox) y Juan Márquez (Con Málaga). No ha habido sorpresas, ni dobles votos –los diputados debían escribir el nombre de su voto, por lo que no podían incluir dos papeletas– y cada uno de ellos han votado al candidato que defiende sus siglas.

En un pleno que ha empezado cuando pasaban unos quince minutos de las doce del mediodía, no se ha proclamado presidente de la corporación a Salado hasta que no faltaban unos minutos para la una de la tarde.

Pocas anécdotas deja un acto sin sobre saltos, más allá de que Salado entregó la vara de mando de la Diputación a sus padres, que observaban desde la primera fila del público –situado entre las dos bancadas de diputados– junto a autoridades como las Consejeras de Economía y Empleo, Rocío Blanco y Carolina España, respectivamente; la delegada de la Junta de Andalucía, Patricia Navarro o el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre.

En su discurso, Josele González, destacó su mano tendida a pactos y acuerdos, «gobernamos durante 28 en la Diputación de Málaga, ese legado, esa experiencia están hoy a disposición de todos los ciudadanos de Málaga». También ha pedido que la cámara deje de ser una cámara de resonancia de los debates nacionales, con un ojo puesto en los comicios del próximo 23 de julio.

Este será el mandato en el que Vox se estrene, con dos representantes, en la corporación supramunicipal. Su portavoz, Antonio Luna, recicló el discurso que pronunció su homólogo en el Ayuntamiento de Málaga, Antonio Alcázar, con frases calcadas como “seremos inflexibles con cualquier muestra de corrupción” o “en Vox haremos una oposición leal, seria y responsable”. Los programas municipales de Vox a lo largo y ancho de España ya eran similares, con cambios mínimos.

Sí repite Con Málaga, con un sólo representante: Juan Márquez, que utilizó su paso por el atril para denunciar «el desmantelamiento de la Sanidad», reclamando más recursos. También levantó la voz contra los proyectos de placas fotovoltaicas: «nuestro campo se va a llenar de placas y de líneas de evacuación, la Diputación debe velar por que esto no pase; renovables sí, pero no así«.

A fin de cuentas, comienza un nuevo mandato de Francisco Salado en Diputación, esta vez con mayoría absoluta, pero parece que no ha cambiado tanto en la política supramunicipal.

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