jueves, enero 15, 2026
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La procesionaria ya se deja ver por los parques de Málaga

Un año más, las procesionarias han adelantado su llegada a Málaga. Desde hace varios días, cientos de miles de orugas campan ya por zonas verdes -como los paseos del Guadalhorce-, parques y proximidades de las sierras en zonas de la capital, alarmando a los vecinos y especialmente a aquellos que pasean con niños o con sus mascotas, ya que estos insectos son especialmente peligrosos por su toxicidad.

La propagación de estos gusanos es usual, pues se trata de un insecto autóctono que crea sus nidos principalmente en las diversas variedades de pinos; si bien no es habitual que irrumpan en pleno invierno -como viene ocurriendo en los últimos años-, ya que su proliferación siempre ha estado asociada a la subida de las temperaturas con la llegada de la primavera.

Entre los factores que explican esta plaga prematura de oruga procesionaria los expertos señalan a varios frentes. El primero y más evidente es el cambio climático, por el cual la temperatura se ha incrementado en las últimas décadas afectando tanto al comportamiento de insectos y la fauna -véase la actividad inusitada de los jabalíes en esta época- como de la flora.

Otro de los motivos de esta plaga tiene que ver con la multiplicación de pinos en ciudades, parques y zonas de montaña. Esta especie de árboles, aunque son autóctonos, han multiplicado su masa en los últimos tiempos debido a su empleo habitual para repoblaciones por su gran poder de adaptación y resistencia a la sequía.

¿Por qué son peligrosas las procesionarias?

Con la subida de las temperaturas, la procesionaria baja de los pinos y «procesiona» en forma de hilera por descampados y parques de la ciudad.  Una vez es adulta, se convierte en mariposa durante dos o tres días y se reproducen en los meses de verano, depositando sus huevos en las hojas de los pinos y concluyendo así su ciclo vital.

Aunque pueda parecer inofensiva, este tipo de oruga supone un importante riesgo para la salud de las personas -principalmente en niños por contacto directo- y, especialmente, para los animales domésticos.

El mayor peligro de estos insectos se encuentran en los pelos que los recubren y que emplean como barrera protectora por su poder urticante, capaces de provocar reacciones alérgicas de relevancia. En caso de entrar en contacto con ellos, los expertos aconsejan aplicar agua fría y en caso de irritación, tomar un antihistamínico o acudir a un centro de salud.

Peligrosas para las personas y potencialmente mortales para los perros

Desde ANECPLA advierten que «apenas un mínimo contacto con la oruga procesionaria puede generar desde dermatitis a lesiones oculares, pasando por urticarias y reacciones alérgicas».

“Ni siquiera es necesario el contacto directo con las orugas”, especifica Galván, “tan solo con el roce de uno de sus pelos (que estos insectos lanzan como estrategia de defensa al sentirse amenazadas) es suficiente para provocar irritaciones y alergias, especialmente si éstos alcanzan los ojos”.

 

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