De todos los rincones excepcionales con los que podemos maravillarnos dentro del territorio español, algunos destacan por ser únicos e irrepetibles. Es el caso de esta ciudad española que tiene alucinantes piscinas naturales.
El Charco del Canalón es un espacio imprescindible para los amantes de las aguas, con muros verticales de piedra que se erigen a su alrededor facilitando la recreación dentro de ellos. Es uno de esos destinos que deberías visitar durante un viaje planeado en verano.
En la provincia de Málaga, el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves está conformado por todo tipo de llamativas formaciones. Solemos quedarnos con los montes y montañas y con algún que otro pozo, sin olvidarnos tampoco de este atractivo exclusivo.
Como parte del término municipal de Istán, sus limpias encajadas de estas piscinas naturales lo han convertido en una opción interesantísima para refrescarse sin gastar mucho dinero y, también, disfrutando de un ambiente relajado y aún algo desconocido.
Sus emplazamientos de aguas cristalinas son de profundidad variada, y hay uno para descansar y otro un poco más para jugar. Incluso el mayor sobresale por las cascadas que caen en ellos. Se transforma así en el fondo ideal para la foto de Instagram.
Las aguas del Río Verde, el que vierte estas piscinas, tienen ese característico color que es el que le ha dado su nombre oficial. Discurre hasta una poza principal tan estrecha como profunda, y luego cae a través de una cascada en otra pequeña y tranquila.
Por las condiciones propias del suelo, las pozas están rodeadas de vegetación con especies comunes como pinos y alcornoques. Además es posible hallar ejemplares de jaras, enebros y brezales, todos constituyendo una frondosa y digna de estudio flora.
Si tienes pensado conocer el lugar, para llegar a este sitio tienes que ir en coche desde la zona alta de Istán pasando por las varias instalaciones deportivas del municipio. Coge la pista que atraviesa el Río Molinos, y tras unos cuatro kilómetros gira a la izquierda. Accederás allí a un camino en pendiente de dos kilómetros que, en su tramo final, va paralelo al Río Verde hasta una explanada.
Justo allí tienes que dejar el coche para seguir el camino a pie, en este caso por medio de una pista que sigue el margen del cauce. Son unos dos kilómetros y medio que valen la pena y que aseguran que no te toparás con demasiados turistas una vez en las pozas.
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