La ciudad autónoma comienza a aliviar la presión después de una entrada masiva sin precedentes que obligó al despliegue del Ejército y puso al límite los recursos de acogida. Aunque la situación empieza a estabilizarse, miles de personas permanecen aún en territorio español a la espera de una solución.
El Ministerio del Interior informaba que hasta las 15.30 horas habían retornado 37.500 inmigrantes a un ritmo de 150 personas por minuto.
Continúan desplegados efectivos del Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional para reforzar la seguridad y controlar la situación. Según el Gobierno, 3.000 militares han sido enviados hasta Ceuta en esta misión. Las autoridades españolas y marroquíes mantienen la coordinación para agilizar el regreso de quienes han decidido volver a su país.
La crisis migratoria que ha sacudido Ceuta durante las últimas horas empieza a dar señales de estabilización. Tras la llegada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos, las autoridades españolas aseguran que el proceso de retorno avanza a un ritmo constante, permitiendo aliviar la enorme presión que soportaba la ciudad autónoma.
Según los últimos datos facilitados por el Ministerio del Interior, decenas de miles de inmigrantes han regresado ya a Marruecos, tanto a través del paso fronterizo como por la zona del espigón. Durante algunos momentos de la jornada, las devoluciones llegaron a realizarse a un ritmo cercano a las 150 personas por minuto gracias a la coordinación entre ambos países.
El episodio ha obligado al Gobierno a desplegar un amplio dispositivo de seguridad. Cerca de 3.000 militares, junto a efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, permanecen sobre el terreno con el objetivo de garantizar el orden, reforzar el control fronterizo y apoyar las labores logísticas derivadas de una situación completamente excepcional.
La llegada masiva de inmigrantes desbordó la capacidad de respuesta de Ceuta. Miles de personas ocuparon playas, calles y diferentes espacios públicos mientras los servicios de emergencia trataban de ofrecer atención básica en una ciudad que vio multiplicada en pocas horas la presión sobre sus infraestructuras y recursos.
Aunque el flujo de entradas se ha reducido de forma considerable respecto a las primeras horas de la crisis, la situación continúa siendo compleja. Todavía permanecen miles de personas en Ceuta pendientes de que las autoridades determinen cuál será su futuro, mientras España y Marruecos mantienen abiertos los canales de cooperación para acelerar el retorno de quienes puedan regresar y recuperar cuanto antes la normalidad en la frontera.
La magnitud de este episodio convierte esta crisis en una de las mayores registradas en la frontera sur de Europa, reabriendo el debate sobre la gestión de los movimientos migratorios, la cooperación entre ambos países y la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia de gran escala.


