Cañete La Real, el pueblo malagueño que celebra el Año Nuevo en agosto

Aunque no lo creamos, hay un pueblo malagueño que también rige sus propias reglas a lo que el cambio de año se refiere. Se trata de Cañete La Real, un municipio que se incluye en la comarca de Guadalteba y que desde hace varios años cambia el invierno por el verano para celebrar sus pintorescas Navidades.

La celebración se lleva a cabo por todo lo alto, cava y uvas incluidas. La asociación de mujeres cañeteras ‘Yerma’, compuesta por 66 personas, junto con el Ayuntamiento,  son las encargadas de poner en marcha la actividad, poniendo a disposición de los vecinos una gran barra con tapeo y música ambiental para amenizar la fiesta.

Además, la celebración también incluye degustación de comidas y dulces tradicionales de la localidad, a cargo de las socias.

Con la medianoche, llega el momento más especial de la celebración: las campanadas. Al igual que se hace en Navidad, los vecinos de Cañete la Real preparan su cotillón, siempre con la copa de uvas en la mano, para dar la bienvenida al nuevo año.

Tal y como explica Eli, la fiesta está en crecimiento, ya que cada año son más los vecinos que se apuntan a disfrutar de esta celebración que incluso cuenta con personas de fuera que se desplazan precisamente para celebrar el Año Nuevo cañetero. “Este año, pese a que ha coincidido con el fin de la feria, esto no se ha notado en la participación, incluso podríamos decir que ha sido mayor”, explica Eli añadiendo que “el lunes por la noche estaba todo lleno, no lo podíamos creer”.

“Lo más bonito de esta fiesta es sentir el calor de estar en casa y ver a la gente disfrutar y vivir la experiencia”, cuenta con emoción Eli, que fue una de las muchas emigrantes que tuvieron que dejar Cañete La Real en busca de un futuro mejor fuera de su hogar. “Te vienen muchísimos recuerdos a la mente y, sobre todo, añoranza. Esa noche recuerdas que hace mucho que te fuiste pero que por fin estás en casa. Eso es lo más importante”.

Esta localidad malagueña, de apenas mil seiscientos habitantes, fue testigo en tiempos del franquismo de cómo numerosos vecinos emigraban en busca de trabajo a otros rincones del mundo para poder sobrevivir, estando lejos de sus seres queridos en fiestas como Navidad. Ahora, gracias a estas campanadas anticipadas, todos se reencuentran para darle la bienvenida, de la mejor forma posible, al Año Nuevo cañetero.