La localidad axárquica celebra este sábado la 56ª edición de una de las grandes citas gastronómicas de Málaga, con más de 4.000 litros de ajoblanco para degustar, una amplia programación cultural y visitantes llegados desde distintos municipios y provincias.
Almáchar se prepara para vivir este sábado una de sus jornadas más esperadas del año. El municipio axárquico volverá a convertir sus calles en un gran escaparate de la gastronomía, la cultura y las tradiciones de la comarca con la celebración de la 56ª Fiesta del Ajoblanco, una cita que aspira a reunir a más de 10.000 personas y que está considerada la fiesta gastronómica más antigua de la provincia de Málaga.
Durante más de medio siglo, esta celebración ha conseguido mantener intacta su esencia al mismo tiempo que ha ido creciendo hasta convertirse en uno de los acontecimientos turísticos más importantes de la Axarquía. Cada primer sábado de septiembre, Almáchar abre sus puertas a vecinos y visitantes para compartir una receta humilde y profundamente ligada a la identidad del municipio: el ajoblanco.

Este año se repartirán más de 4.000 litros de esta tradicional sopa fría, elaborada artesanalmente por vecinos de la localidad y preparada con productos estrechamente vinculados al paisaje agrícola de la comarca. Ajoblanco, almendras, aceite de oliva, uva moscatel y otros productos de proximidad se convierten así en protagonistas de una jornada en la que gastronomía y territorio van de la mano.
Una fiesta que desborda las fronteras de Almáchar
El éxito de la Fiesta del Ajoblanco hace tiempo que dejó de medirse únicamente por la participación de los vecinos. La celebración se ha convertido en un importante reclamo turístico para toda la Axarquía y cada año recibe visitantes procedentes de distintos puntos de Málaga, Andalucía y otras provincias españolas.
Para esta edición se ha reforzado precisamente el dispositivo destinado a facilitar la llegada de público. Además de los vehículos y autocares que se desplazarán desde otros municipios y provincias, se habilitará un servicio gratuito de autobuses lanzadera desde Vélez-Málaga, pensado para facilitar los desplazamientos y reducir los problemas de tráfico y aparcamiento en el municipio.
La previsión es que Almáchar vuelva a vivir una jornada multitudinaria en la que sus estrechas calles y plazas se llenen de visitantes, música, gastronomía y actividades. Una afluencia que tiene también una importante repercusión económica para el municipio y para numerosos establecimientos y profesionales de la comarca.
Porque la Fiesta del Ajoblanco no es únicamente una celebración gastronómica. Es también una herramienta de promoción de Almáchar y de la Axarquía, un escaparate para sus productos y una oportunidad para mostrar al visitante el patrimonio, el paisaje y la forma de vida de un territorio estrechamente ligado a la agricultura.
El moscatel, mucho más que un producto

La celebración mantiene además una relación inseparable con la uva moscatel, uno de los grandes símbolos agrícolas de la Axarquía. Viñas, almendros y olivos forman parte de un paisaje que durante generaciones ha sustentado a numerosas familias y que hoy constituye también un patrimonio que se quiere preservar.
La comarca cuenta con alrededor de 1.700 hectáreas de viñedo y unos 800 productores, una actividad que proporciona sustento a unas 2.000 familias. El sistema productivo de la uva moscatel de la Axarquía fue reconocido por la FAO en 2018 como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), una distinción que pone de relieve el valor de unas prácticas agrícolas tradicionales adaptadas a un territorio de orografía complicada.
Almáchar concentra buena parte de esa identidad agrícola. El municipio dispone de unas 256 hectáreas de viñedo, de las que aproximadamente 194 están dedicadas al cultivo de uva para pasificación. La moscatel, además, mantiene una particularidad que explica su importancia: puede destinarse a la elaboración de vino, a la producción de pasas y al consumo como uva de mesa.
La fiesta permite, por tanto, que un producto agrícola se transforme durante un día en un elemento de identidad colectiva. El visitante no solo prueba el ajoblanco o la uva moscatel: descubre detrás de ellos el trabajo de generaciones de agricultores y una manera de entender el territorio.
Un pueblo convertido en escenario
La programación arrancará a las 10.00 horas y se extenderá durante toda la jornada con propuestas para públicos de todas las edades.
Los visitantes podrán participar en talleres para aprender a elaborar ajoblanco, conocer de cerca el proceso tradicional de preparación de las pasas y recorrer el casco histórico mediante visitas guiadas gratuitas. También habrá degustaciones de productos locales y vinos con denominación de origen repartidas por distintos espacios del municipio.
La música será otro de los grandes protagonistas. Las pandas de verdiales recorrerán las calles en un pasacalles junto a agrupaciones del vecino municipio de El Borge, reforzando el carácter más popular y tradicional de una fiesta que tiene en la cultura malagueña uno de sus principales atractivos.
A lo largo de la jornada también habrá una zona infantil, actividades culturales y distintos espacios de encuentro que permitirán a los visitantes descubrir Almáchar más allá de la propia degustación gastronómica.
‘Ventanas al Arte y al Moscatel’: cinco pueblos unidos por la pintura
Entre las propuestas culturales destaca la exposición itinerante del V Concurso de pintura ‘Ventanas al Arte y al Moscatel’, una iniciativa impulsada por la Asociación Moscatel que lleva el homenaje a este fruto y al paisaje de la Axarquía por distintos municipios.

El concurso tiene además un componente participativo: las obras recorren cinco pueblos y los visitantes pueden contemplarlas y votar por su pintura favorita. De los tres premios previstos, dos son seleccionados por la propia asociación y uno corresponde al público, de manera que quienes visitan la exposición tienen también la posibilidad de decidir cuál de las obras merece el reconocimiento popular.
La propuesta convierte así la cultura en otro vehículo para reivindicar el moscatel, no solo como producto agrícola, sino como parte de la memoria, el paisaje y la identidad de la comarca.
Un pregón y unos premios con protagonismo malagueño
El momento institucional tendrá lugar en la Plaza de España, donde el humorista y presentador Manuel Sarria Cuevas será el encargado de pronunciar el pregón.
Durante el acto se entregarán también los Premios Ajoblanco 2026, que este año reconocen a Adolfo Cisneros, el programa ‘Techo de Cristal’, la Fundación El Pimpi, el pueblo de Adamuz y la revista Litoral, en sus distintas categorías.
La jornada continuará con la tradicional Noche Flamenca, con actuaciones de cante y toque, y una verbena popular solidaria en el Paseo de la Axarquía. Las canciones de rueda y la zambomba pondrán el broche final a una celebración que conserva sus raíces populares.
Una tradición que sigue creciendo
La gran fortaleza de la Fiesta del Ajoblanco es precisamente haber sabido crecer sin perder su carácter. Lo que comenzó como una celebración vinculada a una receta tradicional se ha convertido hoy en una cita capaz de atraer a miles de personas, generar actividad económica y proyectar el nombre de Almáchar mucho más allá de la Axarquía.
La declaración como Fiesta de Singularidad Turística y de Interés Turístico Nacional de Andalucía reconoce una trayectoria que ha convertido al municipio en una referencia del calendario festivo malagueño.
Pero detrás de las cifras de visitantes, de los miles de litros de ajoblanco y de la programación cultural existe algo todavía más importante: la voluntad de un pueblo de conservar y compartir aquello que forma parte de su identidad.
Este sábado, Almáchar volverá a ser una gran puerta de entrada a la Axarquía. Más de 10.000 visitantes están llamados a descubrir sus calles, probar su gastronomía, escuchar sus músicas, conocer sus tradiciones y acercarse a una cultura agrícola en la que la uva moscatel continúa siendo uno de sus grandes símbolos.
Más de medio siglo después, la Fiesta del Ajoblanco demuestra que las tradiciones no solo sobreviven cuando se conservan: también perduran cuando se comparten y consiguen que nuevas generaciones y nuevos visitantes las hagan suyas.



