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La tragedia del Gneisenau: 125 años de solidaridad y gratitud

Una historia que nos permite comprobar cómo un desgraciado acontecimiento ha unido y fortalecido, a través de los años, las relaciones entre la nación alemana y la ciudad de Málaga

Hace 125 años, el 16 de diciembre de 1900, unos días antes de la celebración de la Navidad y del cambio de siglo, el puerto de Málaga fue el escenario de una tragedia: a consecuencia de un terrible temporal, el barco alemán SMS Gneisenau, se hundió frente a las costas malagueñas.

El Gneisenau fue un velero de tres mástiles y propulsión a vapor de la Marina Imperial Alemana. Tenía una longitud de más de 80 metros, un peso de unas 2.800 toneladas, casi 20 cañones y una capacidad para 470 hombres. Desde su construcción en 1877, prestó servicio como barco de la Armada germánica, patrullando y protegiendo los intereses del Imperio. En 1887 se convirtió en buque escuela para formación de marineros.

A mediados de noviembre de 1900, el Gneisenau llegó a Málaga para acompañar a una delegación de la embajada alemana en misión diplomática con el gobierno de Marruecos. Durante su estancia se celebraron actos protocolarios entre las autoridades malagueñas y el consulado alemán, con intercambio de regalos y visitas a lugares representativos de la ciudad. Mientras tanto, la tripulación realizaba prácticas en alta mar propias de un buque escuela. Al finalizar la jornada, la nave regresaba al puerto y los marinos recorrían la ciudad, participaban en excursiones y mantenían encuentros con miembros de la colonia alemana residente en la capital.

La presencia del Gneisenau fue un acontecimiento para la Málaga de aquella época, un hecho que dejó una huella imborrable en la vida de la ciudad: un imponente barco anclado en el puerto y sus esbeltos marinos paseando por las calles, entrando en locales y visitando monumentos.

El día 15 de diciembre, el característico y agradable clima de la Costa del Sol cambió radicalmente en pocas horas, volviéndose inestable y desapacible. La madrugada del 16, todo se complicó con una lluvia incesante, un huracanado viento y un empeoramiento progresivo de la situación. Ese violento cambio llevó a la comandancia de la Marina de Málaga a enviar un aviso al mando de la fragata alemana, el comandante Kretschmann, invitándole a entrar en el interior del puerto para evitar peligros. En un exceso de confianza y menosprecio de las aguas del Mediterráneo, el aviso fue desatendido, permaneciendo mar adentro, a menos de un kilómetro de la costa. Algunos estudios cuestionan esta versión y defienden que dicho mensaje, por circunstancias desconocidas, no llegó a su destinatario.

Sobre las 11 de la mañana, la situación comenzó a ser crítica, siendo ineficaces las operaciones de maniobra para ponerse a salvo. Todo se complicó cuando las amarras de las anclas se rompieron y el barco quedó a la deriva a merced de los caprichos de las turbulentas aguas.

Movido violentamente por el oleaje, el Gneisenau se fue acercando peligrosamente al malecón, hasta terminar chocando contra sus rocas. Encallado y con grandes vías de agua en el casco, el barco sufrió un progresivo hundimiento, cerca del faro de Málaga, conocido por los malagueños como “La Farola”.

El comandante trató de poner a salvo a la tripulación dando órdenes desde la cubierta, hasta que una violenta embestida del mar lo arrojó al agua. Sus intentos por mantenerse a flote resultaron inútiles y finalmente falleció en las profundidades.

Tras la orden de evacuación, la tripulación comenzó a lanzar al mar algunos botes salvavidas. Pero dada la cercanía de la costa y la fuerza de la tormenta, las barcas eran movidas violentamente por las olas provocando que se estrellaran contra las rocas, produciéndose una situación dramática de botes destrozados y náufragos mal heridos o muertos. Al mismo tiempo, se presenciaron gestas memorables, con marineros alemanes arriesgando sus propias vidas para evitar que algunos compañeros fuesen devorados por el mar.

Las campanas de la catedral y de otras iglesias sonaban insistentemente en señal de alarma. Los malagueños se percataron de que algo grave estaba ocurriendo y rápidamente, a pesar del mal tiempo, salieron a la calle en un intento de ayudar, sin saber dónde ni a quién. Cuando la noticia del naufragio se extendió, muchas personas corrieron al lugar de la tragedia, siendo marengos de La Malagueta con sus jabegas y trabajadores del puerto los primeros en llegar y colaborar en las labores de rescate. Entre gritos apagados por el rugido del temporal, algunos malagueños se lanzaron al mar amarrados a una cuerda; otros lo hicieron en embarcaciones, mientras otros arrojaban maromas al barco, donde aún permanecía parte de la tripulación, o desde las rocas hacia desesperados marineros que, encaramados en los mástiles o luchando en el agua, intentaban salvar sus vidas.

Aunque muchos náufragos pudieron ser rescatados de las embravecidas aguas, el siniestro acabó con la vida de 41 marineros y más de un centenar de heridos. También se dice que unos 12 malagueños fallecieron tratando de salvar a los alemanes; sin embargo, este dato es cuestionado, pues no se han encontrado en los archivos de la época nombres ni testimonios que lo confirmen. Incluso hay estudios que sostienen que, en realidad, no murió ningún vecino de la ciudad.

Naufragio del Gneisenau (1900) – Martínez Enríquez. Archivo Temboury, Málaga. Domino Público. https://bibliotecavirtual.malaga.es/es/consulta/registro.cmd?id=7318

Desde un primer momento, tanto personas anónimas como diversas instituciones se volcaron en la ayuda técnica y humana: trabajadores de “La Farola”, Ayuntamiento, Comandancia Militar de Marina, Cruz Roja, etc. Los heridos fueron trasladados a hospitales, la tripulación salvada a instalaciones acondicionadas de centros oficiales o a casas particulares. El domicilio del cónsul alemán en Málaga se convirtió en el centro donde se gestionaron los temas oficiales.

Málaga se volcó con las víctimas y participó en los actos celebrados en homenaje a los marineros germanos, en un gesto de respeto y consternación. El entierro de los alemanes fallecidos se realizó en el Cementerio Inglés, un lugar concebido para dar sepultura digna a los protestantes que habían muerto en estas tierras, ya que en aquella época las autoridades católicas no permitían enterrar a los no bautizados en camposantos consagrados. Un cementerio del que Hans Christian Andersen, en su Viaje por España, dijo que era “un lugar delicioso” y su “lugar preferido”.

Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia del hundimiento del Gneisenau, ocupando las primeras páginas de la prensa europea. Y no solo dando información del suceso, también valorando el arrojo y la valentía de los malagueños que, aun poniendo en riesgo sus vidas, contribuyeron para que la tragedia no tuviera un peor desenlace. Las palabras heroicidadsolidaridad y hospitalidad se repetían con mayúsculas y con admiración.

El día de Navidad, tras un tiempo de recuperación, los supervivientes embarcaron en un vapor rumbo a Alemania. Poco tiempo después de su llegada (el 2 de enero de 1901), aún con el miedo en el cuerpo, muchos de ellos se incorporaron a otro buque escuela.

Conocedora de esta trágica historia y en reconocimiento al valor y solidaridad del pueblo de Málaga, la reina María Cristina, madre del rey Alfonso XIII, concedió a la ciudad el título honorífico de “Muy Hospitalaria”, tal y como figura hoy en el escudo de la ciudad. Asimismo, el emperador Guillermo II firmó un documento, en junio de 1901, en el que mostraba su agradecimiento al Ayuntamiento y al pueblo de Málaga.

El 30 de septiembre de 1901, en el Liceo de Málaga, con la presencia del cónsul alemán, los gobernadores civil y militar, el alcalde y otras personalidades, se celebró un acto para homenajear la acción heroica de los malagueños. En él, se entregaron distinciones y el gobierno alemán correspondió y repartió regalos.

Fue tanto el agradecimiento y la estrecha relación que se estableció entre los náufragos alemanes y el pueblo de Málaga, que algunos volvieron para instalarse y residir en la ciudad. Uno de ellos fue el marinero Otto Lehmberg Tielecke, que tiempo después se casó con la malagueña Concepción Ruiz Rodríguez, con quien tuvo un hijo: Emilio Lehmberg Ruiz, quien llegaría a ser un gran compositor de música, siendo algunas de sus obras las bandas sonoras de varias películas y del NO-DO.

La madrugada del 24 de septiembre de 1907, una nueva tragedia azotó Málaga. Unas fuertes lluvias en la cuenca alta del Guadalmedina, produjeron una crecida de este río que cruza la ciudad y que gran parte del año discurre seco. Con la vegetación y los materiales arrastrados, se taponaron puentes, aumentando la crecida (que alcanzó los 5 metros de altura) y el desbordando el cauce, arrasando la ciudad y sumiendo a barrios, como el Perchel y la Trinidad, o zonas como la Alameda en un caos de fango y desgracia. La dramática jornada tuvo un balance fatal: 21 fallecidos, además de numerosos heridos e incalculables daños materiales.

Este lamentable suceso ocurrido en Málaga pronto llegó a los noticiarios europeos. Alemania, que no había olvidado la tragedia del Gneisenau y el apoyo de la ciudad, quiso corresponder de inmediato. Dando una ejemplar lección de agradecimiento, el pueblo alemán promovió una suscripción para reunir fondos, apoyada por destacadas personalidades y encabezada por el emperador Guillermo II.

Uno de los puentes destruidos por la riada fue el de Santo Domingo, frente a la iglesia del mismo nombre. Una iglesia muy conocida porque en Semana Santa, desde 1928, los legionarios rinden homenaje en ella al Cristo de Mena, gracias a la gestión del conocido comerciante malagueño Félix Sáez, que fue uno de los solidarios protagonistas que se lanzaron al mar para salvar marineros la mañana del 16 de diciembre de 1900.

Con los fondos recogidos en la colecta alemana, se construyó el nuevo puente de Santo Domingo, en 1909, llamado popularmente: “puente de los Alemanes”. Un cartel explica: “Alemania donó a Málaga este puente agradecida al heroico auxilio que la ciudad prestó a los náufragos de la fragata de guerra Gneisenau.” Con los años, en 1984, a causa del mal estado de la estructura de hierro, el puente tuvo que ser restaurado, siendo los trabajos costeados por el gobierno alemán.

Puente de Santo Domingo e Iglesia de Santo Domingo. 1961. Fotografía Arenas. UMA. Domino Público. https://fotoarchivo.uma.es/historico/index.php/puente-de-los-alemanes-barrio-del-perchel-iglesia-de-santo-domingo-gosto-de-1961-malaga-espana

Toda esta historia relatada nos permite comprobar cómo un desgraciado acontecimiento ha unido y fortalecido, a través de los años, las relaciones entre la nación alemana y la ciudad de Málaga. El naufragio no fue solo un episodio marítimo, sino también la prueba de que la solidaridad y la humanidad pueden transformar la adversidad en hermandad, y de que la gratitud no tiene fecha de caducidad.

Hoy se cumplen 125 de la tragedia del SMS Gneisenau. Este artículo, además de pretender dar a conocer esta parte de la historia trágica de Málaga, quiere servir para rendir homenaje a todos los fallecidos y a la valerosa respuesta de los malagueños que, de manera anónima y desinteresada, contribuyeron a salvar vidas, dando muestras de que la verdadera grandeza se mide en actos de generosidad.

 

Fuente: Juan José Jurado Soto

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