La Invisible vuelve a salir a la calle contra su desalojo y por una Málaga «llena de vida»

Una manifestación que ha estado cargada de un marcado carácter cultural, con música, danza, circo y marionetas, así como muestras y acciones culturales.

El Centro de Málaga ha vuelto este sábado a ser el escenario de una multitudinaria manifestación en la que ciudadanos, colectivos y movimientos sociales han salido a la calle en protesta por la propuesta de desalojo de La Casa Invisible y en defensa de una ciudad «llena de vida».

Así, sobre las 12.00 horas y desde las puertas de La Invisible, ha partido una marea de personas bajo el lema ‘Somos indesalojables’ que ha recorrido las calles del Centro de la ciudad en un ambiente festivo. La de este sábado no ha sido solo una manifestación, sino que ha estado cargada de un marcado carácter cultural, con música, danza, circo y marionetas, así como muestras y acciones culturales de los colectivos que forman parte de La Invisible.

De esta manera, «se ha querido sacar a la calle por un día una parte de la intensa producción cultural del día a día que se desarrolla en La Casa Invisible» y dar voz a los artistas locales, han indicado desde el centro social.

El Ayuntamiento de Málaga, vencidos ya los plazos para el desalojo voluntario de La Casa Invisible, ha solicitado en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 4 de Málaga la autorización de entrada en el edificio. Frente a esta vía judicial, La Invisible sigue apostando por el diálogo y porque se retorne a los compromisos acordados en 2018, han apuntado.

De igual modo, los asistentes a la manifestación han reivindicado otro modelo de ciudad, apostando por la cultura local y el cuidado de sus propias habitantes frente al monocultivo turístico y la gentrificación urbana. Así, han defendido que «la vida no se vende, no se expone, no se alquila, ni se desahucia».

En un manifiesto leído durante la jornada reivindicativa, La Invisible ha alertado que «lo que pretenden es poner a Málaga en un escaparate para que el mejor postor puje por nuestras propias vidas». Así, han señalado que «empezaron por el centro», despojándolo de su singularidad, historia, sus plazas y lugares de encuentro, y luego «fueron a por su gente».

Tras eso, advierten que el segundo paso fueron los barrios cercanos al centro «donde la vida no era la mejor para exhibir en el catálogo de un crucero. La vida de El Perchel, la vida de Santa Julia. La vida que habitaba demasiado cerca del centro, del escaparate».