El mercado laboral comienza a notar los efectos de la desescalada

El mes pasado acabó con una subida de casi 190.000 afiliados y con la salida de los ERTE de unos 390.000 trabajadores. El paro, por su parte, subió 26.573 personas.

El mercado laboral comienza a notar la desescalada. En mayo ha comenzado a recuperarse el empleo perdido en las primeras semanas de la crisis del coronavirus. La afiliación a la Seguridad Social subió en casi 190.000 cotizantes entre el final de abril y el de mayo. Y en ese mismo periodo habrían salido de los ERTE 387.815 afectados, según los datos de los ministerios de Seguridad Social y de Trabajo conocidos este martes. Pero el impacto de la pandemia todavía es muy evidente: el paro aún sube (26.573 el mes pasado); desde el 12 de marzo se han esfumado unos 760.000 puestos de trabajo y hay tres millones de afectados por regulaciones temporales de empleo.

Mayo solía ser un buen para el empleo. No es que 2020 haya sido malo. Se ha creado empleo y ha elevado la cifra total de cotizantes hasta los 18,5 millones. Pero sí ha sido peor, bastante peor, que en los años precedentes. Y, además, ha subido el paro registrado. Ya hay 3,85 millones de personas inscritas en las oficinas públicas de empleo demandando trabajo.

Los datos con los que se miden lo que sucede en el mercado laboral en estos meses están muy afectados por la situación excepcional que se ha producido con la pandemia y el hecho de que su impacto económico comenzara a notarse con brutalidad de un día para otro. Por eso, si normalmente se usan los datos de afiliación media de la Seguridad Social para medir el empleo mes a mes, ahora se recurre a las cifras diarias, que tienen muchos más altibajos pero ahora reflejan una evolución muy ajustada de lo sucede. Así se explica que pueda encontrarse indistintamente la variación media del mes, que da un aumento de 97.462 ocupados, y la que va del 30 de abril al 31 de mayo, que da un saldo positivo de 187.814 afiliados.

La tónica de este mes suele ser muy positiva porque normalmente actividades de temporada como campañas agrícolas de recogida de fruta de hueso y, sobre todo, el turismo impulsan las contrataciones. También el buen tiempo anima a la construcción. Muchas de estas dinámicas están ahora completamente distorsionadas por los efectos de la crisis del coronavirus, las medidas de parón de actividad decretadas para frenar su transmisión y las adoptadas para amortiguar su impacto socioeconómico.

Aun así se aprecian algunas constantes, como el tirón del campo, que en los diferentes regímenes de cotización contó con unos 45.000 afiliados más. La construcción incluso mostró más vigor pues aumentó en unos 57.000 la cifra de cotizantes. Y tras ellas la hostelería, que ganó unos 30.000 ocupados.

Al aumento de afiliados se añaden los casi 390.000 afectados por ERTE que han ido dejando esta situación a lo largo del mes, en el que se firmó un pacto entre el Gobierno y los agentes sociales el mantenimiento de estas regulaciones de empleo hasta el 30 de junio de este mes y para regular la salida parcial de ellas conforme se avanza en la desescalada. Es probable que esa cifra aumento mucho más en junio conforme se avance en las fases de esa desescalada en toda España, especialmente en Madrid, Barcelona y sus respectivas áreas urbanas.

Respecto al paro registrado, este aumento de 26.573 personas puede parecer paradójico al comparar estos datos con los de empleo. En cambio, no tienen por qué tener un comportamiento exactamente contrario como se ha visto el mes pasado. En este caso, un elemento que puede haber sido decisivo es uno meramente administrativo provocado por la pandemia: el cierre de oficinas. Durante los meses de marzo y abril cayó el empleo en esos 950.000 afiliados, para muchos de estos trabajadores fue muy difícil apuntarse como demandantes de empleo porque no tenían una oficina a la que acudir y los teléfonos y las páginas web estaban saturadas. Además, con el estado de alarma, los plazos administrativos estaban suspendidos para que los ciudadanos no se vieran perjudicados. Todo esto puede suponer que haya un decalaje mayor del habitual entre el momento en que se perdió el empleo y la inscripción del parado en la oficina pública.