El autor ha sido condenado a un año y nueve meses de prisión por un delito continuado de abuso sexual a menor de 16 años, si bien entiende que los tocamientos fueron fugaces y superficiales y se hicieron por encima de la ropa. También tiene en cuenta que el acusado carecía de antecedentes penales. También se le impone el pago de una indemnización de 6.000 euros.
El tribunal considera acreditados varios episodios sexuales ocurridos entre finales de 2023 y febrero de 2024, cuando la menor tenía entre 14 y 15. En una de las escenas que recoge la sentencia, que aún no es firme, el responsable del bar había acudido a la vivienda de la menor para visitar a su madre, que estaba enferma. La adolescente salió con él y ambos se subieron al ascensor. Según se desprende de los hechos probados, fue cuando el hombre echó un brazo por encima de la menor, que quedó contra la esquina del ascensor, y trató de besarla. Ella esquivó el gesto volviendo la cara. A renglón seguido, se produjeron los tocamientos.
La Sala explica que durante el juicio pudo observar cómo el agresor colocaba una de sus manos en la pared del ascensor, rodeaba a la menor e intentaba besarla. Ella pudo esquivarlo, pero, a continuación, él le tocó los glúteos. El acusado reconoció el acercamiento, aunque argumentó que se trataba de una broma.
La adolescente relató lo sucedido a una amiga, que le instó a hablar con su madre. La conversación fue ratificada en el juicio. La escena no quedó únicamente respaldada por el testimonio de la menor, sino que las cámaras de seguridad del ascensor registraron el episodio. La víctima declaró, además, que decidió dejar el centro escolar en el que estaba matriculada porque el hijo del acusado comenzó a meterse con ella tras salir a la luz los hechos.
Los primeros abusos sucedieron en el bar que regentaba el hombre. Allí vertió insinuaciones con connotaciones sexuales hacia la adolescente, según la resolución judicial. Un segundo episodio tuvo lugar en febrero de 2024, cuando el hombre volvió a visitar a la madre de la menor. Al acabar, ésta pidió a su hija que lo acompañara hasta la puerta. El acusado aprovechó para agarrarle los glúteos.
El tribunal da credibilidad al relato de la joven y subraya las conclusiones de los psicólogos forenses que la examinaron. El informe describió síntomas relacionados con la ansiedad y las fobias, así como dificultades para dormir, sentimientos de “inseguridad y suspicacia ante las intenciones de otras personas”.
La confesión a través de Instagram
La adolescente relató lo sucedido a una amiga, que le recomendó que hablara con su madre. La conversación fue ratificada en el juicio. La escena no quedó únicamente respaldada por el testimonio de la menor, sino que las cámaras de seguridad del ascensor registraron el episodio. La víctima declaró, además, que decidió dejar el centro escolar en el que estaba matriculada porque el hijo del acusado comenzó a meterse con ella tras salir a la luz los hechos.
La condena al agresor es inferior a la que habían solicitado las acusaciones. La Fiscalía había pedido una pena de ocho años de prisión, mientras que la acusación particular la elevaba a 10. La defensa, por su parte, pidió la absolución. El tribunal descarta que hubiera violencia o intimidación, como plantearon las acusaciones. Razona así que en el ascensor la afectada apartó la cara cuando el acusado intentó besarla y que éste no insistió para conseguirlo.