El almendro, la planta del mes de febrero en el Jardín Botánico la Concepción

En el que se regala al visitante un espectáculo con la floración de este árbol. Aunque es de origen asiático, los romanos lo distribuyeron por toda la Cuenca Mediterránea, consiguiendo que se haya naturalizado en muchos lugares.

El almendro no es un árbol de gran tamaño, no supera los diez metros de altura, su tronco es retorcido y posee una corteza agrietada que presenta unas escamillas grisáceas muy características, según han manifestado desde el Ayuntamiento a través de un comunicado.

Las hojas son de un verde brillante y sin vellosidad, lanceoladas y de borde aserrado. Las flores siempre llaman la atención, pues salen muy pronto, cuando todavía no ha acabado el invierno y del árbol aún no han brotado las hojas; pueden ser de un color blanco puro o ligeramente rosado.

El fruto, la almendra, es una drupa poco carnosa y la parte comestible es su semilla. Una única semilla grande que está rodeada de un endocarpio leñoso. Tarda entre siete y ocho meses en estar maduro.

La semilla de la almendra no solo es apreciada en alimentación en infinidad de aplicaciones gastronómicas; también se obtiene de ella un aceite con aplicaciones tanto estéticas como en preparados dermatológicos. Su madera es usada en ebanistería y la cáscara del fruto se quemaba como combustible.

La Concepción conserva recuerdos de cuando era una finca agrícola, quedan restos del cultivo de olivos, algarrobos, cítricos y almendros, que se pueden ver en los bancales entre el Mirador y el lago y también en la Ruta Forestal.