Desafecto a la Vida: un microrrelato de Antonio Fernández Alvarez

No acostumbro a entrar si no hay clientes, me atenaza un extraño miedo pasar viendo la barra de bar y las mesas vacías, es como un mal presagio, sin duda es un reflejo de mi propio estado siempre vagando solo sí, entre la multitud que pasan a mi lado pero que aunque les salude cortésmente ni tan siquiera se dignan a contestarme, a veces pienso si seré invisible o simplemente todos me ignoran, no sé, igual estoy en otro espacio en otro tiempo a veces pienso, ¿estaré muerto?

Pero por algún capricho del azar entré, tampoco vi al barman tras la barra, así que simplemente tomé un taburete y me senté a esperarle sin duda estaría en la cocina o en el pequeño almacén donde guarda la mercancía.

La estridente música que se oía procedente de un videoclip que emitía un canal de televisión no era desde luego la más apropiada para el local pero su dueño, un joven de unos veinticinco años que había acabado la carrera de derecho, había regresado al pueblo tras el fallecimiento de su padre para hacerse cargo del bar y prepararse las oposiciones de secretario del Ayuntamiento.

Fue un leve quejido, un lamento que dudé haber oído y del que no conseguía adivinar su procedencia, podría haber sido de los zombis que se veían en el videoclip, podría haberlo imaginado, deseché cualquier pensamiento de que proviniese del bar, no había nadie. Sentí un impacto en mi pecho y cuando llevé mi mano inmediatamente ésta se empapó en sangre, me había levantado del taburete dado que el impacto estuvo a punto de tirarme y empecé a sentirme mareado, mi vista se nubló y caí al suelo.

¿Hola, como se encuentra?, oía, pero me costaba abrir los ojos, me pesaban los parpados hasta el punto de que no obedecían a mis ganas de saber dónde estaba, así que solo pude responder -no sabría decirle-, espero que siga en el mundo de los vivos pero apostaría que solo estoy al sesenta por ciento, ¡más muerto que vivo!.

Bueno, al menos tiene sentido de humor, en su estado ya es mucho, -oí que decía- y ahora si veía a doctor Sánchez Ramos que es lo que ponía en la placa que prendía de su blanquísima bata.

¿Qué me ha ocurrido doctor?, pregunté, -le han disparado-. ¿Cómo, quien, por qué?

-Estaba en el lugar y en el sitio equivocado-, ¿y eso que quiere decir?

Charcas y Pozas de Málaga y la provincia

    Una publicación de la Diputación de Málaga. Míralo en el enlace https://issuu.com/rrss.malagamagazine/docs/charcas_y_pozas_de_m_laga__libro_diEsta publicación nos invita a conocer unos pequeños fragmentos de naturaleza que no suelen tener cabida en las guías turísticas: las charcas y pozas de los ríos. Se trata, sin duda, de rincones con personalidad propia, con determinadas características que los singularizan en relación con el cuerpo al que pertenecen.Las charcas y pozas crean habitualmente espacios de gran belleza y constituyen por ello un destino predilecto para muchos excursionistas, incluso cuando se ubican en lugares recónditos y de acceso complicado.Más información en la Diputación de Málaga y la web www.malagamagazine.es

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    Pues que unos delincuentes habían entrado a robar al Bar de Ramón al cual llevaron al almacén para que les abriera la caja fuerte, al salir y verle en la barra no tuvieron otra opción que dispararle. Han asesinado a Javier el hijo de Ramón, sin duda no querían cabos sueltos.

    ¿Les han cogido?, ¿cómo es posible? En pleno siglo XXI, que sigan pasando estos hechos tan bárbaros…

    Sí, en su precipitada huída aún han dejado un reguero más de sangre. Se han llevado por delante un guardia civil que estaba en un control de alcoholemia a la salida del pueblo, eso hizo que se pusiera todo un operativo de los cuerpos de seguridad del estado, y han conseguido cazar a esos malnacidos, y todo por trecientos euros que es lo que habían conseguido de botín.

    Ahora les caerá la del pulpo, dije sin mucha convicción, pues no, –no les pasará nada-, la voz era de una chica, la enfermera, que indignada dijo -son menores de edad-. Su sentencia calló como una losa, yo prendí hablar pero no tenías fuerzas y me embargaba una gran tristeza.

    Doctor Sánchez, ¿cómo estoy dígame su diagnóstico? Se pondrá bien la bala no ha tocado ningún órgano vital, perdió mucha sangre de ahí la debilidad que aún tiene, si no surgen complicaciones en una semana le daré el alta.

    Los jóvenes, todos ellos menores de edad habían robado un coche en el pueblo de al lado y sin rumbo fijo, habían decidido realizar una serie de atracos pequeñas cantidades es lo que habían conseguido, no saben cómo habían dado ese salto, robar era una cosa pero lo que habían hecho no tenía perdón de Dios, habían matado a un joven en la flor de la vida y a un hombre casado, con dos hijos y tres nietos, pero lo peor de todo es que no sentían ni tan siquiera remordimientos y con unas leyes tan laxas tampoco tendrían un castigo proporcional a la bestialidad cometida.

    Pasé la noche sin poder dormir, no estaba muerto, lloré de rabia e impotencia, la vida es imprevisible… lo que nos puede deparar pero de sentirme desubicado pasé a desear recuperarme lo más rápidamente posible, quería vomitar mi cólera hacia esos infames que habían cegado dos vidas humanas, cierto es que mi caso me habían despertado a la vida aunque con unos enormes deseos de justicia ante la injusticia que habían propiciado.

    La mañana me trajo pesadumbre, todo el pueblo se había echado a la calle, la muerte del joven Javier fue un duro mazazo y la tristeza invadía cada rincón, cada calle, cada plaza, lo mismo sucedía en el pueblo del guardia civil, mientras tanto a setenta kilómetros en la capital

    cuatro jóvenes asesinos desayunaban sin miedo, sin remordimientos con un extravagante desafecto a los sentimientos de solidaridad por la vida de quienes en breves momentos comenzarían sus exequias.